Jugar siempre ha sido una actividad asociada con el entretenimiento, la competencia y la interacción social. Lo que ha cambiado radicalmente es el lugar donde ocurre. Una partida que antes requería reunir a varias personas en una misma habitación ahora puede conectar en segundos a jugadores ubicados en distintos países. Videojuegos, aplicaciones móviles, plataformas de streaming y competiciones virtuales han creado un ecosistema en el que cada persona puede decidir cuándo, dónde y cómo participar.
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