Poco a poco el software libre está dejando de ser un producto reservado a una minoría de usuarios avezados a las nuevas tecnologías y se está abriendo camino entre sectores cada vez más amplios de la población, que utilizan con normalidad navegadores como Firefox, distros de GNU/Linux como Ubuntu o programas P2P como el eMule.
El principal criterio que utilizamos en este artículo para llegar a esta idea es que un ordenador con Windows se queda anticuado antes que uno que use Linux.
Con su lema como apariencia renovada, nuevas y emocionantes características y sobre todo 6 veces más rápido que Firefox 3.6.Microsoft también ha lanzado la nueva versión de su navegador, Internet Explorer 9, aunque según un empleado, Paul Rouget, de Mozilla, la nueva versión de IE, dista por mucho de poder competir con Firefox 4. Pero claro, esa información hay que tomarla con reservas, ya que viene de alguien que trabaja en el desarrollo de Firefox 4.
La crisis financiera y económica ha situado el uso de software libre en el debate de las corporaciones privadas y administraciones públicas como factor de minimización del gasto y como muestra de voluntad de austeridad ante la opinión pública. Tal planteamiento, si bien positivo, es muy pobre ubicando este ámbito tecnológico en consideraciones residuales de balances contables, no entendiendo, o no queriéndose interesadamente entender, el carácter estratégico de la tecnología. La realidad hoy en día en un contexto de tecnificación del proceso productivo es que el software y su control son elementos imprescindibles para la supervivencia empresarial y para la eficacia del sector público.
El sistema operativo GNU/Linux dobla la vida útil del PC y puede contribuir a reducir el el volumen de desechos de hardware informático a escala mundial.
Los requisitos de hardware para instalar Windows Vista harán que muchos usuarios cambien de PC para poder ejecutar el nuevo sistema operativo. Esto hará que muchas computadoras perfectamente funcionales serán enviadas a los basurales de todo el mundo.