
En el mundo anterior a la pandemia, cuando el trabajo en remoto era tan sólo una opción minoritaria, poco extendida y sólo permitida en casos contados, GitLab ya tenía a toda su plantilla, compuesta por más de mil empleados, trabajando a distancia desde donde querían y había creado un puesto directivo para coordinarlo todo, el head of remote. Gracias a ello, los diferentes confinamientos no afectaron en lo más mínimo al funcionamiento de esta empresa, que desde el año pasado no sólo desarrolla software colaborativo, también se ha convertido en una referencia mundial del trabajo all-remote.
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