Crear una aplicación utilizando ChatGPT, Claude, Gemini, Copilot u otros asistentes de inteligencia artificial nunca había sido tan fácil. Una persona puede describir lo que necesita, copiar algunos fragmentos de código y disponer en pocas horas de una página web, una API, un panel administrativo o incluso un sistema completo conectado a una base de datos.
El problema aparece cuando esa aplicación pasa de funcionar en una computadora local a estar disponible en Internet. Que el código funcione no significa que sea seguro. Una aplicación generada con IA puede contener contraseñas expuestas, consultas SQL inseguras, permisos excesivos, dependencias vulnerables o paneles administrativos accesibles para cualquiera.
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