Dentro de poco más de un mes, el soporte técnico para Windows XP finaliza. Muchos usuarios e instituciones públicas utilizan el viejo sistema operativo de Microsoft y no ven rentable la actualización a un sistema operativo moderno debido a la cantidad de tiempo que ello llevaría y al desembolso económico que supondría para que, unos años más tarde, hubiera que actualizar de nuevo todos los sistemas pese a estar pagando licencias de software año tras año que a los estados supone varios cientos de millones de euros.
Ya tenemos con nosotros nueva versión de una de las distribuciones más serenas del panorama: Linux Mint 17.2 Cinnamon y MATE es un suma y sigue en toda regla, sin sorpresas más allá de las novedades que todos conocemos.
El Gobierno de Canarias se ha ahorrado 700.000 euros en su apuesta por ir introduciendo el software libre en los sistemas operativos informáticos de la Comunidad Autónoma y evitar el pago de licencias por el uso y la actualización de estos programas a empresas multinacionales.
Windows y Mac OS ofrecen una experiencia de uso única para todos sus usuarios, más allá de opciones más escondidas que sólo los más expertos llegan a conocer. Eso trae consigo valores positivos (menor tiempo necesario para dominar el sistema operativo, más fidelización a ese entorno familiar y compartido con millones de personas) pero también hace muy complicado su uso en terrenos muy especializados o nicho, donde sería deseable que ese SO pudiera modificarse a las necesidades particulares de ese mercado.
El único límite al Internet de las Cosas no es la imaginación ni la tecnología, sino los proveedores. ¿Podrán comunicarse nuestros frigoríficos y lavadoras con nuestros televisores o nuestros iPhone, o incluso con cualquier otro dispositivo de los muchos que rodean y rodearán nuestras vidas? El código abierto es clave para que eso suceda.