Este fenómeno se suscita cuando alguien utiliza, transfiere o envía datos de otra persona sin autorización y de manera ilícita, con la finalidad de generar un fraude, normalmente financiero, y crear cuentas, obtener créditos y así afectar al dueño de los datos.
Y es que según información de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), añade el directivo, México ocupa el octavo lugar a nivel mundial en incidencia de este delito.
El 63 por ciento de esa suplantación ocurre luego de que los delincuentes roban las carteras o los teléfonos celulares donde guardamos muchos de nuestros datos; asimismo, 53 por ciento se realiza a través de llamadas en donde la víctima misma aporta la información.
Desafortunadamente, comentó, en la generalidad de las ocasiones las víctimas se dan cuenta meses después del robo, cuando las entidades financieras y comerciales empiezan a buscarlos para cobrarles deudas no cubiertas, y recuperar créditos o compras que nunca efectuó el defraudado.
Javier Luna sostiene que una las consecuencias sociales a nivel personal de este tipo de delito es el daño al historial crediticio y a la reputación del afectado: lo peor es vivir la angustia de deber dinero que ni siquiera se disfrutó o utilizó.
fuentes:20minutos.com.mx
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