IBM, el mayor poseedor de patentes (y productor
de patentes) del mundo, ha abierto
500 de ellas. Red Hat, por su parte, ya lo había hecho, al
igual que Novell. Algunas empresas informáticas están así creando un
espacio libre de patentes en el corazón de la industria. En el mundo de la
ciencia iniciativas como el proyecto
PLoS hacen lo propio, con la reciente adición de Science
Commons. En el mundo de la cultura en general, el equivalente es el
movimiento 'copyleft' y su avanzadilla Creative
Commons
La cultura, la ciencia y la tecnología libres están
consiguiendo abrirse camino. Con un poco de suerte, y si las leyes no lo
remedian, no toda la cultura será propietaria. Y eso es una gran noticia, para
todos.
Parece abstruso, raro, incluso absurdo. Pero es realmente importante. La
existencia de un espacio de cultura libre nos proporcionará a la sociedad en su
conjunto un muy necesario refugio ante la voracidad recaudadora de la industria
de la propiedad inmaterial. La iniciativa de IBM permitirá a los
desarrolladores de software libre y abierto crear sin temor a ser perseguidos
por patentes ajenas (y en algunos casos, absurdas).
El 'copyleft' permitirá a los aficionados al arte copiar a los maestros sin
duda ninguna y a las Girl Scouts cantar canciones en los fuegos de
campamento sin
problemas. Las licencias Science Commons permitirán a los científicos
impedir la privatización de partes del mundo natural; las revistas PLoS abren
la ciencia a quien quiera usarla aunque no pueda pagarla. Y todo esto nos
beneficia a todos.
El imparable avance de los derechos de propiedad inmaterial está acorralando a las sociedades. No pasa un día sin que se publique un nuevo abuso, una nueva iniciativa para recortar los derechos del consumidor de cultura, un nuevo método de coartar la libertad del comprador 'manu tecnologica' o de endurecer las leyes y las penas por incumplirlas. La perversa lógica de la propiedad inmaterial se impone a la razón y a la conveniencia, e impide a empresas e instituciones usar la lógica. A veces, hasta se enturbian las aguas más o menos deliberadamente, para que las pasiones rijan.
Y es que vamos camino del absurdo, visualizado por pioneros como Richard Stallman, y ampliado por otros creadores de aterradores relatos sobre un futuro en el que hasta la Biblia es propiedad de alguien y ningún libro puede ser leído sin autorización del propietario... previo pago.
De ahí la importancia de que nazca y se desarrolle una porción de Cultura Libre. No hace falta cambiar leyes ni derribar empresas ni modos de trabajo; basta con abrir puertas a quienes han cambiado su mentalidad. La idea del 'copyleft', el uso de las leyes de propiedad intelectual para permitir con condiciones la copia (en lugar de prohibirla sin más) se está extendiendo. Y por donde pasa deja un espacio de libertad creativa en el que los abogados son bienvenidos, pero no son necesarios.
Ésta es la clave: necesitamos un trocito de cultura en la que no haga falta pasar por un bufete de abogados antes de publicar tu código, tus resultados científicos, tu música o tu libro. Una cultura cerrada y dominada por un puñado de grandes empresas es mala para todos, creadores, intermediarios culturales y consumidores. Copyleft significa cultura sin abogados, no cultura gratis; IBM no se dedica a la caridad, ni tiene por qué hacerlo. Pero a los resultados de IBM les vienen bien que haya una vigorosa cultura de software libre. Lo mismo se aplica a los productores de música o los editores de libros. Hace falta un espacio de libertad creativa. Y está naciendo.
Con cada blog que se acoge a una licencia Creative Commons, con cada músico, literato o fotógrafo que las usa; con cada artículo que se publica en PLoS Medicine o PLoS Genetics, y con cada patente que se abre, se crea un refugio donde la creatividad no podrá ser amenazada por leyes torticeras (o interpretaciones torticeras de la ley).
Ahora sólo queda que algunos intermediarios culturales que las actuales leyes imponen a los autores y consumidores (sí, las entidades de gestión colectiva de derechos) se adapten a las circunstancias. Si hace falta retocar las normas, la próxima Ley de Propiedad Intelectual podría ser una excelente ocasión de garantizar un poco de aire a la cultura libre, sin eliminar los derechos de nadie. Simplemente reconociendo que hay un glorioso puñado de locos que piensan que regalar es una buena idea en este economía, y quieren que se les permita.
¿Es pedir tanto? ¿Es una amenaza tal?


