Según el texto propuesto por Greg Kroah-Hartman, firmado por hasta 60 desarrolladores y aprobado por el propio Torvalds, es muy posible que cuando un desarrollador presente un software con la intención de integrarlo en el Kernel de Linux, su idea sea criticada constructivamente para que el producto sea mejorado y que, entre todos, puedan conseguir un kernel lo más robusto posible.
Pero si un desarrollador se siente especialmente ofendido o insultado por la manera en la que se ha criticado su aportación, este siempre podrá recurrir a la Junta de Asesoramiento Técnico de la Linux Foundation o a cualquiera de sus miembros de manera individual para buscar una mediación independiente para la resolución del conflicto antes de que vaya a mayores.
Es difícil pensar que esta metodología acabe con las ya míticas broncas públicas de Linus Torvalds, pero sí que ayudará a que los desarrolladores se sientan protegidos y tengan a quien recurrir si creen que el creador de Linux se ha pasado tres pueblos con ellos.
Vía | ZDNet


