De tu móvil a los servidores en los que haces tus compras navideñas
Puede que sea extraño, pero es mucho más difícil contestar a la pregunta de "¿quién no usa Open Source?" que "¿quién lo usa?". La razón es que este tipo de software es ya componente crucial de virtualmente todos los dispositivos y servicios que usamos en nuestro día a día.
Tenemos el mejor ejemplo en Android, la plataforma móvil desarrollada por Google cuya base, AOSP (el propio nombre, Android Open Source Project, deja claro esa relevancia), es un proyecto Open Source. Google ha ido separando esa base de componentes propietarios clave como sus servicios o aplicaciones, pero en muchos de ellos también hay parte integral del software Open Source.
Buena parte de los servicios que usamos a diario -si es que no son todos- también aprovechan proyectos Open Source en sus sistemas. En Netflix ya confesaban en 2015 cómo la evolución del Open Source en su plataforma había sido brutal y ya entonces hacían uso de hasta 50 proyectos de este tipo.
Facebook y Twitter, dos de las redes sociales más importantes del mundo, también aprovechan diversos proyectos y disponen de sus propias secciones de software Open Source que comparten con el resto del mundo a través por ejemplo de GitHub donde tanto la una como la otra tienen decenas de repositorios disponibles. Google no quiere ser menos, claro.
Amazon, absoluto protagonista del comercio electrónico, también hace buen uso de ese software Open Source, aunque como muchas otras la forma en que aprovecha estos proyectos es para algunos discutible. En The New York Times contaban cómo había "copiado" el software búsquedas y análisis de la citada Elastic -que por cierto, la demandó-. Uno de los responsables del proyecto de Amazon defendía los argumentos de Amazon, y presumía además de todas las alianzas que había firmado con distintas empresas del segmento Open Source.
Las grandes tecnológicas ahora "regalan" código
La otra gran tendencia de los últimos años consiste en esa apuesta que las grandes tecnológicas han hecho por el Open Source: muchas de ellas han publicado diversos proyectos, aplicaciones y servicios bajo algún tipo de licencia de este tipo.
Esa apuesta no es desinteresada, por supuesto: las empresas que realizan estos movimientos tratan de atraer así a la comunidad de desarrolladores para que ayuden a mejorar el proyecto y lo viralicen, pero además hay un componente claro de refuerzo positivo de la marca cuando ésta apuesta por el Open Source. Facebook está intentando redimirse con esta vía, por ejemplo.
Es una estrategia que no obstante está siendo beneficiosa para industria y usuarios: muchos de estos proyectos siguen ciertamente "tutelados" por las empresas que los crearon, pero acceder al código del software era algo impensable por ejemplo para empresas como Microsoft, que durante años fue némesis del Open Source y que en esta década lo ha abrazado de forma sorprendente tras el nombramiento de Satya Nadella como CEO de la firma de Redmond.
Otras muchas, como decimos, tratan de ganar reputación y atractivo entre la comunidad de desarrolladores en todo tipo de campos. uno de los más destacados en los últimos tiempos es el de la inteligencia artificial, y allí tanto Google con Tensorflow como Facebook con su PyTorch son claros referentes en este panorama.
Ha sido una década por tanto crucial para el Open Source: esta filosofía software que aboga por compartir el código, reutilizarlo y modificarlo para hacerlo mejor que nunca ha permeado de una forma asombrosa, y a estas alturas esa idea se ha convertido en una de las grandes ganadoras del mundo tecnológico en los últimos diez años. Quién lo hubiera dicho.
Fuente : xakata
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