Pues algo parecido es lo que ocurre con los programas informáticos. Microsoft, y otras empresas como Adobe, cuando venden sus productos no desvelan sus códigos fuente (sus entrañas), por lo que cualquier fallo sólo puede ser corregido por ellos mismos. Esta es la filosofía del denominado software privativo.
"Qué ocurriría si Microsoft quiebra, no tenemos los planos de los programas que usamos'', se pregunta el informático Gustavo Álvarez, socio de la empresa compostelana Lóxica, dedicada a la implantación de software libre. Y pone ejemplos concretos: "Cuando hubo que adaptar los ordenadores al euro, si los informáticos de las empresas hubiesen tenido el código fuente, todo el proceso se abarataría muchísimo''.
En el software libre, sin embargo, todos los conocimientos están a disposición de la comunidad científica, que puede intercambiarlos y mejorarlos. "Se nos acusa de copiar y parece que es el peor delito del mundo, cuando es así como ha avanzado la sociedad, no a partir de cero. ¿Qué pasaría si Pitágoras no le hubiese contado a nadie más sus teoremas?'', asegura Álvarez, quien lamenta que las grandes multinacionales de software privativo no parecen estar dispuestas a compartir con el resto de la comunidad sus avances.

