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La eficacia de las aplicaciones de rastreo de la enfermedad COVID-19 que están poniendo en marcha muchos países, y España es uno de ellos, está profundamente condicionada por el número de personas que deciden instalarlas en sus smartphones.
Es algo evidente que todos podemos intuir, pero que quizá no está teniendo la repercusión que requiere si realmente confiamos en que esta herramienta nos ayude a combatir la propagación de esta enfermedad. Convencernos de que es seguro y crucial que instalemos esta app en nuestro teléfono móvil es un reto, de eso no cabe duda, pero no es el único desafío que tienen por delante los gobiernos que están recurriendo a esta estrategia para combatir la expansión de la COVID-19. Y es que ya hay informes oficiales que revelan que la comunicación entre nuestros smartphones sobre la que se asienta la app no siempre se lleva a cabo con éxito. Y, además, su impacto en el consumo de batería también está provocando que algunos usuarios opten por desinstalarla de su móvil.