La producción de estos equipos ya sobrepasa la demanda de los que pueden comprarlos en el mundo. Cada nuevo producto, para lograr imponerse en el mercado, debe ser cada vez más innovador, a un costo relativo menor (dado por la producción masiva) para que permita precios asequibles a un rango grande de consumidores.
Los radares meteorológicos, en cambio, no son productos de alta demanda. A pesar de su probada eficacia para el pronóstico inmediato, no cualquier país puede adquirir un radar. En los años 70 y 80 del siglo XX muchas firmas competían en la producción de radares meteorológicos, sin embargo, en el momento actual, el grueso de las ventas de radares meteorológicos está centrado en solo tres firmas. Correspondientemente, a diferencia de los productos industriales de amplio consumo, el precio de los radares meteorológicos va en imparable aumento. El radar meteorológico no solo no es un producto que pueda ser vendido masivamente, sino que además es un producto que está destinado a durar en explotación al menos 10 15 años. Ante esta realidad los productores de radares, para poder subsistir en un mundo de economía global que impone un cambio constante de la tecnología, han tenido que desarrollar métodos, que les permitan seguir obteniendo beneficios durante el tiempo de vida del radar.
Los radares que se venden en la actualidad tienen tres características esenciales, que son las que garantizan la dependencia tecnológica y, por tanto, las ganancias a largo plazo de la firma que lo produce.
1. Todo el software (el de control de la operación del radar y el de adquisición y procesamiento de la información) es propietario de la firma. Para su mantenimiento, modificación y reinstalación es necesario mantenerse pagando. El número de usuarios de la información de radar está limitado a unos pocos puestos de trabajo, que se hayan pagado en el contrato de compraventa.
2. Todo el hardware viene encapsulado en módulos, cuya reparación es potestad solamente del fabricante, no se proveen planos ni información que permitan al cliente reparar el equipo o modificarlo usando componentes de otro fabricante. No importa que al módulo se le haya roto un pequeño componente, igual no hay acceso a repararlo por cuenta propia.
3. Para adquirir partes y componentes de repuesto una vez vencido el plazo de garantía el cliente debe pagar un caro contrato de mantenimiento (suele estar en el orden de 10% del precio del radar, anual, para un solo radar), que apenas brinda la oportunidad de comprar las piezas, previa visita de expertos de la fábrica a un costo exorbitante (la visita suele estar en el orden de 50 mil USD x 3 días de trabajo, que incluyen dos días de viaje), y que le confiere un número limitado de consultas (generalmente telefónicas o por correo electrónico).
En este contexto no solo a los países en vías de desarrollo les resulta difícil disponer de la tecnología de radar, también a instituciones de países desarrollados les resulta extremadamente caro mantenerlos. Se agrava, además, porque aun en el plazo de tiempo que se supone que debe durar un radar, ante determinadas fallas, el fabricante ofrecerá soluciones nuevas (diferentes a las originales) que requerirán cambios en el hardware y software del radar, aduciendo que ya no disponen de los repuestos originales, porque la tecnología evolucionó, lo que encarecerá aún más la reparación.
Uso de la información del radar
Si pensamos que adquirir un radar meteorológico es la tarea más difícil para un país subdesarrollado estamos en un error. A veces los países pobres logran hacerse de un radar meteorológico moderno con tecnología de punta gracias a proyectos regionales e internacionales vinculados a la problemática del cambio climático.
Incluso a veces logran financiamiento para solventar, al menos por unos cortos años, el problema subsiguiente de la sostenibilidad del radar. El problema mayor está en el uso de la información del radar, aquí es donde se manifiesta la diferencia esencial entre desarrollados y no desarrollados, originada por la transición hacia una economía del conocimiento.
El radar es una herramienta indispensable en la mesoescala para la detección, seguimiento y pronóstico de tormentas. Sin embargo, el radar es un instrumento complicado que explora en 3D la atmósfera en un radio que puede llegar a 500 km, y que genera un volumen de información que se torna inmanejable para un neófito.
He impartido cursos sobre el uso de la información de radar y la primera impresión que percibo en los alumnos es el desencanto al saber que para obtener la información hay que operar el radar, es decir modificar los regímenes de trabajo y los modos de exploración acorde a la situación meteorológica imperante. Ellos esperaban algo llave en mano, es decir, que exportara imágenes como una cosa única, en las que no hubiera que pensar mucho, sino que la imagen hablara por sí misma.
En mi experiencia esto se torna una barrera infranqueable. Para poder explotar el radar se necesitan conocimientos sólidos de Meteorología, algo de Física, y un poco de Ingeniería, sin eso no se avanza en la operación y explotación de la información de radar.
Precisamente, es en el uso de la información de radar, y no en la adquisición de esta tecnología, donde se pone de manifiesto con mayor fuerza la dependencia tecnológica. Los subdesarrollados, aun cuando reciben la tecnología, no saben usarla e ingenuamente claman por software de inteligencia artificial que les haga el trabajo de analizar e interpretar la voluminosa información de radar, sin darse cuenta de que estas aplicaciones fueron hechas para otra geografía, y por tanto requieren adaptació y se cierra el ciclo fatal: para adaptarlas con éxito se necesitan conocimientos sólidos de radar.
fuentes:.cuba.cu
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